Hace dos décadas atrás los "Tres tenores", Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carrera, llevaron la opera a un público que entre sus CDs pirata posiblemente se encontraba uno de Chayanne (sin mirar en menos al puertorriqueño que tiene lo suyo). Juntos cantaron arias de operas que muchos no habían visto en vivo, pero cuyas melodías podían ser tarareadas en la cocina picando cebolla. Luego (18 años después para ser exactos) una nueva generación de tenores repitió el ejercicio, tan rentable para las disqueras y los involucrados. Se trataba de Jonas Kaufmann, Juan Diego Flores y Rolando Villazón.
Hoy, la noticia son los nuevos "Tres tenores" (así fueron nombrados en El Mercurio), Kaufmann (otra vez), Anna Netrebko y Erwin Schrott. El título es meramente periodístico ya que sólo uno de ellos es tenor (Kaufmann), ella es soprano y Schrott, bajo-barítono. Además, el título "Los tres tenores" es el nombre de un disco que grabaron los pioneros y por ende los derechos de autor serían propiedad del sello que lo grabó. Los nuevos, no han anunciado grabación de un disco ni se presentan a sí mismos con este nombre. Sólo se presentarán en vivo, los tres juntos, en una serie de conciertos en Europa y las entradas, tan caras como las de McCartney, ya se vendieron.
Si El Mercurio inventa estos títulos tan llamativos para cantantes internacionales (excepcionales en realidad, si pueden ver en Youtube.com si quiera a los tres cantando por separado ¡háganlo ahora, ya!... pero vuelvan a leer esto, por favor.), entonces, porqué no hace lo mismo con los cantantes chilenos. Sin chovinismo involucrado, es un hecho que en Chile tenemos grandes cantantes líricos. El miércoles recién pasado tuve la oportunidad de ir a ver el concierto "Grandes Coros" en el Teatro Municipal de Santiago. Se presentó "Las bodas" de Igor Stravinsky y "Carmina Burana" de Carl Orff (la señorita Carmina Burana como la llamó una iluminada periodista chilena).
En la requete ultra conocida Carmina Burana, muy tarareable gracias al comercial de Tritón, los tres solistas invitados me sorprendieron hasta las lágrimas (casi). Porque la obra es así, grandilocuente, está hecha para que se te paren los pelos, y habla de cosas triviales y profundas, como es el destino vil y cruel que los humanos soportamos a punta de copete y "cachas" locas. El coro del Municipal hace lo suyo. Escuchar en armonía esa muchedumbre de voces convertirse en una sola, como si fueran las palabras de un ente suprahumano el que habla, conmueve. Cuando se es presa de obras efectistas como la antes citada (sin desmerecerla, es una mera descripción) un solista mediocre tirado para emergente puede romper el encantamiento de inmediato. Este no fue el caso. Los cantantes no sólo cumplieron, sino que brillaron en su papel.
Estoy hablando de la soprano Patricia Cifuentes (quien ganara el Altazor por su interpretación de Gilda en Rigoletto el 2010), el bajo-barítono Patricio Sabaté (no ganó el Altazor en 2011 pero viene sumando premios desde el 2004... en realidad los premios me parecen nefastos para medir la categoría de cualquier artista) y el tenor Patricio Saxton. Cualquiera de ellos podría estar jugando en las "grandes ligas" si se lo propusiera, pero están aquí por el momento y perdérselos es un descriterio. Un amigo, y gran tenor, me contó que Sabaté habría sido tentado para desarrollar su carrera fuera de Chile, pero que las obligaciones familiares se lo habrían impedido. Es una pena que no lo haya hecho porque cantaría con las mejores orquestas y directores, se enfrentaría a un público y críticos más exigentes y llegaría a ser un aún mejor cantante de lo que es hoy.
Es difícil que los cantantes líricos chilenos logren la masividad de "Los Tres tenores" que la rompieron en los 90s. Para eso se necesitaría que hicieran una selección de arias del tipo Nessum dorma de Turandot, las que posiblemente serían sometidas a arreglos aptos para el populais, y luego, se entregaran al proceso de promoción perdiendo valioso tiempo de ensayo en sesiones fotográficas y entrevistas banales por no decir huevonas. Y todo eso, aunque mejore "el consumo de cultura", finalmente destruye la obra. Para ver el trabajo excepcional de estos artistas, el público debe hacer, por lo menos, el esfuerzo de escuchar la obra completa aunque no la entienda del todo y cabecee entremedio. Sino sería como ver el salto de un trapecista sin presenciar antes su ascenso por esas escaleras interminables, o como abrir un libro de Jane Austin sólo para leer la escena del beso. Es ridículo.
Para los que no tienen tiempo y quieren sólo pirotecnia existe Youtube. Pero, ¿en serio prefieres verlos en el computador? Acaban de inaugurar el GAM donde se está mostrando la temporada de música de cámara de la PUC, el Municipal de Santiago está remozado post terremoto y este año su cartelera de conciertos es de lujo, además está el teatro de la Universidad de Chile que, aunque menos sofisticado, queda ahí, al ladito del metro. Te puedes pasar después de la marcha en contra de Hidroaysén y aprovechar de eludir las lacrimógenas. Asientos hay de sobra, las entradas son baratas y el repertorio está pensado para un público masivo.
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