El otro día me impuse el siguiente ejercicio: ¿quién es el mejor letrista de Chile? Debía ser alguien que además de escribir y componer, interpretara sus canciones. Lo hice de aburrida porque desde hace tiempo dejé de jugar Sudoku, en parte, pero también porque conversando con un músico me dijo que no le gustaba escuchar a Los Prisioneros, por su sonido. Eso sí, le encantaban las letras de Jorge González al punto de considerarlo el mejor escritor de canciones de nuestro país. Mi amigo no es alguien que se haya limitado a escuchar a la "nueva generación" cool de cantautores que suenan en la radio Uno. Me consta que sus conocimientos se remontan a bandas de los años 40s, por lo menos. Entonces... Chuta... Jorge González el mejor letrista. Su comentario fue algo que me dio para pensar. Llevo tres días en eso, reescuchando la voz de González.

Hacer una lista de buenos escritores de canciones no es difícil. Rápidamente aparecen figuras como Violeta Parra, Víctor Jara, Eduardo Gatti, Patricio Manns, Álvaro Enríquez (Los Tres, Pettinellis), Juan Sativo, Zaturno (ambos de Tiro de Gracia), Tea Time (de Los Tetas principalmente haciendo free style), Pedro Foncea (de De Kiruza), Jimmy Fernández (de La Posse Latina, creador de "Chica Eléctrica"), Carlos Cabezas (de Los Electrodomésticos), Anita Tijoux (ex Makiza), Chinoy (¡grande Chinoy!) por nombrar algunos. De seguro en el terreno folklórico debe haber muchos más, que yo desconozco gracias a mi vergonzante ignorancia.
Este juicio va a sonar un poco extremo, pero pienso que Violeta Parra no merece estar en una lista sino en la cumbre del Olympo. Su obra no es comparable porque ella fue una escritora además de músico. En su obra se da un encuentro entre "la tradición y la vanguardia" (eso leí una vez de ella y estoy plenamente de acuerdo) cualidad improbable no sólo en nuestro Chule sino también en el mundo. Es lo que hace que un libro se encuentre catalogado en las estanterías de literatura "Universal", aún cuando su contenido esté íntimamente ligado a la tradición oral de latinoamérica.

Cuando se habla de Violeta, la mayoría piensa en Gracias a la vida (nuestro presidente Sebastián Piñera la nombró como su canción favorita, lejos su mejor chiste). Concuerdo en que es una gran canción, pero no le hace justicia a su legado. Sería como recordar a Neruda por sus "20 Poemas de amor y una canción desesperada" o a Mistral por Piececitos de niño. Quienes hayan leído las "Décimas" sabrán a lo que me refiero. En esa autobiografía compuesta en ochenta y tres
décimas, se encuentra el corazón de la obra de Violeta Parra. Se trata de una poesía que reúne el código de la tradición oral chilena con la descripción de una vida afectada por la pobreza y el olvido. Su carga social y belleza estética lo convierten en una de las obras literarias más importantes que se han escrito en nuestro país. Más de alguno puede decir que este comentario se debe a la fiebre actual por remontar a este personaje del pasado. A los que piensan así, les recomiendo leer el libro y si no lo comprenden del todo, ayúdense de las varias críticas literarias que se han escrito sobre éste. Lo digo así porque yo fui una de las renuentes, la Tomás el apóstol, que me negaba a ver en la simpleza de Violeta un legado metafísico y que, gracias a mi profesor de estética Fidel Sepúlveda, pude apreciar.
Entonces Parra es para mí, por lejos, la mejor escritora de esta lista. Sin embargo, el ejercicio era dar con el mejor letrista y ahí es donde Jorge González se me aparece una y otra vez. Aún cuando intento que Víctor Jara gane la partida. Pero González tiene algo punzante que es difícil de esquivar. Sus letras son agudas, tienen ritmo, y sobre todo, verdad. Uno de mis versos favoritos es de Nunca quedas mal con nadie, y dice así: "Contradices toda tu protesta famosa con tus armonías rebuscadas y hermosas. Eres un un artista, y no un guerrillero, pretendes pelear y sólo eres una mierda buena onda". Jajajajajaja. Su mayor talento es "sacarle la foto" a ciertos personajes de su época que mantienen su esencia hasta el día de hoy. Es lo que hace en Por qué no se van, El baile de los que sobran y Él es mi ídolo. Estas pesadeces se entremezclan con recuerdos de su infancia relatados con imágenes que casi puedo oler. No falta su cuota de autoflagelación, sobre todo en relación al amor y sus estereotipos, como declara en Paramar: "Yo
no sirvo para amar". También destaca entre otros autores por lo prolífico, lo valiente (recuerdo su versión de Quieren dinero en la Teletón, notable) e irreverente.

Foto: Marco González.
Para algunos este cantante es absolutamente insoportable. Como para otros escuchar la voz de Chinoy es una tortura (no falta el que dice lo mismo de Bob Dylan), oír canciones de Los Prisioneros es una agresión a los sentidos. Odian el tecladito ochentero, esos sintetizadores precarios, la batería predecible de Miguel Tapia, la guitarra monótona de Claudio Narea y sobre todo, la voz nasal de Jorge González. Ridiculizado por Kramer por ser un inconformista, desagradable y bueno para la pesadez, no logran dar con el tono genuino de las letras que escribe. Muchas veces he escuchado decir que González es un resentido, y no en el sentido descriptivo, sino peyorativo que usan las clases altas para ningunear al pobre que exige igualdad. Y es obvio que lo agredan, porque la verdad duele. Y cuando ésta cala hondo, surge el insulto como un vómito incontenible.
Cuando se separaron Los Prisioneros y González sacó su disco "Jorge González" en 1993 con el single Mi casa en el árbol, sus detractores sacaron todas las armas para burlarse de su calidad autoral. Al fin quedaba al descubierto que González no era más que un invento de la dictadura, porque era una de las pocas bandas de rock que sonaba. Personalmente, no me gustó la canción antes mencionada y la letra tampoco me maravilló, pero de todos los discos lanzados en su carrera como solista este es el que menos destaca. Uno de mis favoritos es "Gonzalo Martínez y sus congas pensantes" hecho en colaboración con Martín Schöpf (AKA Dandy Jack). La mayoría de los temas son títulos existentes llevados a la música electrónica y acompañados por la voz de González. Sólo un tema fue escrito completamente por González y vale la pena escucharlo. Les dejo la transcripción* (porque poco se entiende en el link adjunto) y el link para que lo escuchen.
Por último, recomiendo su colaboración en el disco de "+1" de Sieg über Die Sonne (Martin Schopf y Tobias Freund) editado el 2004 en el cual González aporta con sus letras (claro que estas son ahora en inglés). Charlotte De Gaulle es una de mis favoritas.
*
CUMBIA TRISTE
Pudahuel se llamaba barranca
En esta ciudad que no vive más
Una calle llena de melancolía
Me enseñó el sonido que no olvidaré
Pasando los años, me siento tan lejos
Y una Cumbia triste habla de mi hogar.
Cumbia, cumbia triste
Aire de ciudad
Cumbia, cumbia triste
Dame el sonido de la mar.
Se escuchó una voz en la distancia
El resonar de un bajo, platillo y tambor
Esta calle llena de melancolía
Me enseñó el sonido que no olvidaré.
Que vengan los años, que poco me importa
Y una cumbia triste moja el corazón
Cumbia, cumbia triste
Aire de ciudad
Cumbia, cumbia triste
Dame el sonido de la mar.






